¿Cómo influyen los animales en la inteligencia emocional de las personas?

Una pregunta recurrente tanto en nuestro centro como a través de otros medios es “¿debería tener mi hijo una mascota?”

La respuesta a esa pregunta es complicada. Los beneficios para los peques serán directamente proporcionales a la responsabilidad que demuestren sus papás ante esta nueva

Un animal exige dedicación, gasto económico y una responsabilidad tanto en el terreno físico como emocional, pero los beneficios que puede aportar a la vida de nuestros niños supera, con creces, las dificultades que puede añadir a la vida diaria familiar.

Los niños aprenden por observación, debido a esto, tener un ser vivo que depende de ellos les enseña que todos estamos interconectados, facilitando el aprendizaje de capacidades básicas para una buena relación con los demás como son la empatía, la generosidad, establecer prioridades, etc…

Además, tal y como se establece en la Teoría de la Biofilia, todo lo vivo ejerce una llamada de atención para el ser humano, fomentando cualidades como la observación, la concentración y la curiosidad en nuestros pequeños.
Debemos tener en cuenta qué animal se ajusta más a la vida familiar, tiempo disponible y edad de los niños para que el “acople” del animalito sea el adecuado. Además, mascotas como los peces de colores, pequeños roedores o tortugas tienen un mantenimiento económico sencillo y cuidados básicos que el niño puede llevar a cabo. Este tipo de cuidados pueden llevarse a cabo entre toda la familia estableciendo turnos y facilitando la colaboración y el manejo de conflictos dentro del seno familiar.

Una de los inconvenientes que suelen salir a la luz a la hora de plantearse incorporar una mascota a la familia es como comunicar a los niños el fallecimiento o la enfermedad de la mascota. Debemos tener en cuenta que antes o después, nuestros niños se enfrentarán a la muerte y puede ser una manera de prepararse para momentos duros. Si la noticia se comunica de forma asertiva, dando el apoyo necesario y dejando que expresen sus sentimientos será un momento que enriquecerá a los pequeños y les hará sentirse arropado por su familia incluso en los momentos más difíciles.

A todo esto podemos añadir que los niños que crecen con mascotas presentan menos problemas alérgicos, realizan más ejercicio físico y se relacionan con sus iguales de forma más adecuada.
Por todo ello creemos que el binomio niño-mascota, de forma supervisada por un adulto responsable, no puede traer más que beneficios respecto a la inteligencia emocional de nuestros niños.